¿Para qué venimos al mundo?

Hay diferentes opiniones al respecto, pero según miles de filósofos de la historia, y en mi humilde opinión, venimos al mundo para ser felices. Venimos al mundo en busca de la felicidad.

A algunos nos hace felices ayudar a los demás, dar lo mejor de nosotros, tener victorias, la seguridad…

Entonces decimos: “Yo vine al mundo para este propósito”. Pero ¿por qué este propósito nos da felicidad?

Como he dicho antes, venimos al mundo a ser felices y en busca de la felicidad. El problema es que llegamos a ingeniárnoslas para complicar las cosas simples, es decir, dejamos de ser felices cuando en realidad lo tenemos todo para ser felices.

Esto es algo que viene desde principio de los tiempos: el error de enfocarnos en lo que no tenemos en lugar de enfocarnos en lo que tenemos. El error de pensar siempre en la carencia y no en la abundancia.

Y esta es una de las claves más importantes de la felicidad.

En busca de la felicidad

¿Has visto ya la película En busca de la felicidad? Es una película que nos enseña cómo un hombre que lo perdió todo, lucha para una vida mejor para él y para su hijo. Un aspecto clave en esta película es la motivación, algo clave para las personas que quieran lograr un objetivo. Es una de estas películas que se deben ver varias veces porque hay muchos mensajes clave. Uno de ellos que me encantó es:

Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Si tienes un sueño tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve a por ello y punto.

En una universidad de Suiza, hace algunos años atrás, se hizo un estudio para medir el índice de felicidad de las personas. Éste se medía en puntos, del 0 al 100. El promedio de la gente era de 40 puntos. Esta prueba se la hicieron también a un monje tibetano, Matthieu Ricard, traductor del Dalai Lama, y su resultado fue de más de 70 puntos. Se le nombró entonces el hombre más feliz del mundo. Y él escribió un libro acerca de la felicidad y de cómo ser feliz: En defensa de la felicidad

 

Una de las cosas más importantes y centrales de su libro es el tema de agradecer lo que sí tienes.

Estamos tan acostumbrados a fijarnos en lo que no tenemos (el vecino tiene la casa más grande, el coche más grande…) y a fijarnos en los defectos de la gente que nos rodea, que se nos olvida mirar con ojos de abundancia, con ojos de bondad y de gratitud. Y se nos olvida mirar todo lo que sí tenemos.

En un curso de crecimiento personal decían: “si tu pareja es maravillosa en el 80% de las cosas, ¿por qué fijarte en el 20% que queda?. Si tus hijos te hacen feliz el 90% del tiempo, ¿por qué te fijas en el 1% restante? ¿Por qué nos fijamos siempre en el lado negativo de las cosas?

La felicidad nos genera energía. ¿Alguna vez has oído hablar de la famosa zona 0, cuando se dice que estás en tu elemento, en ese momento en el que todo te sale bien? Pues la zona 0 es esto, son estos momentos en los que te sientes pleno y feliz. La felicidad te llena de energía y te permite ser mucho más productivo en todo lo demás.

Entonces, por una parte para ser feliz es conseguir ser mejor, dar más y tener más. Pero también, por otra parte, es aprender a agradecer por lo que tenemos y a valorarlo. Y no a despreciarlo, como acostumbramos a hacer la mayoría de los humanos.

Te voy a proponer un ejercicio: Antes de irte a dormir, cada noche da las gracias por 2 cosas:

  1. La primera tiene que ser siempre lo mismo. Agradece por lo más importante de tu vida.
  2. La segunda, agradece por algo específico que te ha pasado durante el día.

Valora las cosas positivas que tienes. Porque tenemos muchas más cosas por las que estar agradecidos que no.

Solamente basta con darnos cuenta que para ser felices debemos ser lo que realmente queremos ser. 😉

 

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